Se denomina ejercicios de masajes «sensuales» porque invitan a apreciar algo más allá de las sensaciones sexuales o genitales.
Es posible que tanto usted como su compañero se estén perdiendo muchas de las sensaciones placenteras que nacen de acariciar las diferentes partes del cuerpo.
Los ejercicios de masajes que vamos a describir se denominan «sensuales» porque nos invitan a apreciar algo más allá de las sensaciones sexuales o genitales. Es evidente que no existe una diferencia real entre lo sensual y lo sexual, pero lo que queremos aquí es sintonizar con sensaciones que no son estrictamente genitales y con actividades de placer mutuo que no se centran en lo sexual (ya se trate de penetración o de sexo oral).
Lo que queremos destacar aquí son los principios generales de un buen masaje sensual, con datos concretos que le permitan experimentar el mayor grado posible de satisfacción. No dude en ampliar conocimientos a partir de lo que aquí se expone.
1. En primer lugar hay que crear el clima adecuado para el masaje. Hay que hacer que el ambiente resulte relajado y romántico para los dos miembros de la pareja; deben asegurarse de que la temperatura permita estar desnudos, y que la luz no sea demasiado estridente (las velas y las luces indirectas resultan muy adecuadas). Si se desea, se puede recurrir a una música tranquila.
2. Escojan un momento en el que sea posible disfrutar de la intimidad sin interrupciones (de treinta minutos a una hora, si es posible). Una opción es hacerlo justo antes de acostarse, pero hay que tener cuidado con el cansancio; éste puede incrementar la susceptibilidad y reducir así su capacidad de disfrutar de la experiencia.
3. Conviene pasar un poco de tiempo juntos antes de empezar. Se recomienda hablar un poco o compartir una copa de vino. También es adecuado ducharse o bañarse juntos antes de iniciar el masaje.
4. El objetivo principal de esta experiencia es incrementar el placer y llegar a conocer bien la respuesta del compañero ante la estimulación física aunque no necesariamente genital. Se trata de acariciar, tocar y frotar distintas zonas del cuerpo del otro por turnos: primero ella da y él recibe, luego él da y ella recibe y así sucesivamente. Aunque puede presentarse la excitación sexual, ésta no es la meta del ejercicio; el masaje no debe practicarse para buscar la excitación. Las primeras veces que lo pongan en práctica les recomendamos que se centren en cualquier zona del cuerpo excepto en los genitales y en los senos de la mujer. Exploren los pies, las caderas, el vientre, los brazos, la cara, el cabello, las nalgas. Procedan despacio; dediquen al menos entre diez y quince minutos cada uno y combinen caricias suaves con otras más intensas. Empleen las palmas de las manos, los dedos, las uñas; no duden en emplear también telas o pieles, ni en pasar los labios o el cabello por el cuerpo de la pareja. No es conveniente realizar el masaje simultáneamente; es imposible experimentarlo con tanta intensidad como si se hace por turnos.
5. Es importante hablar de lo que a cada uno le gusta y de lo que no. El que recibe el masaje debería poder expresar sus sensaciones, decir por ejemplo: «Bien, más fuerte, un poco más suave, usa más las uñas, más despacio, mmm.» o «Sí, qué bien» con frecuencia para que la persona que hace el masaje pueda proporcionar más placer. Ésta puede preguntar: « ¿Qué tal así?» o « ¿Mejor aquí?», si no está seguro o segura de lo que siente el otro miembro de la pareja. Es muy importante que diga lo que le gusta y lo que no de manera clara. La comunicación permite dar y recibir placer de acuerdo con los gustos del otro. Las necesidades y los placeres varían de una persona a otra y se modifican en una misma persona. Al comunicar a su pareja lo que le gusta impide que los masajes (y posteriormente las experiencias sexuales) se conviertan en rutina, logrando que resulten más espontáneos e íntimos.
6. A partir de la tercera o cuarta sesión de masaje se pueden empezar a acariciar los senos de la mujer, pero hay que seguir explorando cuáles son las caricias que a cada uno le gustan más.
7. Gradualmente, hacia el sexto o séptimo masaje o cuando los dos miembros se sientan a gusto, se puede incluir el masaje genital. Hay que insistir en la idea de que se trata sencillamente de darse placer mutuamente, sin buscar la excitación. Cuando llega el momento de incluir los genitales en el masaje surge la tentación de concentrarse en ellos y olvidarse del resto del cuerpo, cosa que puede crear un cierto grado de ansiedad y limitar el placer de carácter global de esta experiencia. Por tanto hay que intentar incluir el masaje genital como una fuente de placer más y dedicar sólo el tiempo necesario y en proporción con el resto del masaje.
8. Cuando reciba el masaje debe procurar concentrarse en las sensaciones que acontecen en la zona acariciada y mantener la atención. Si siente que sus pensamientos se dispersan, devuélvalos a las sensaciones físicas y siga con la mente las caricias de su compañero. Esto la ayudará a obtener más placer y a sentirse más relajada con el masaje. Recuerde que cuando lo recibe, no tiene más responsabilidad que la de comunicar claramente (con palabras o sin ellas) lo que le gusta y lo que le gustaría sentir.
9. Si percibe que estas sesiones de masaje no funcionan bien (o si aunque vayan bien, siente deseos de experimentar algo diferente), intente cambiar el enfoque de esta experiencia. En lugar de centrarse en dar placer a su compañero, intente hacer el masaje de manera que sea usted quien reciba el mayor placer posible. El único límite está en no hacer nada que resulte doloroso o desagradable para el otro miembro de la pareja. El que recibe las caricias debe relajarse y centrarse en sus sensaciones y no intentar guiar o dirigir el masaje. Muchas veces las personas que se sienten ansiosas o inseguras cuando tienen que centrarse en dar placer al otro consiguen relajarse y disfrutar con este tipo de masaje libre de exigencias.
Todas las sugerencias mencionadas han resultado de utilidad a otras parejas. Cabe añadir que a algunas les gusta emplear lubricantes de distintas clases (aceites o lociones, por ejemplo) para modificar la fricción y la textura del masaje. Los aceites tienden a intensificar el tacto y la sensación de calidez; las lociones promueven la sensación de frescura y no se vuelven pegajosas cuando se secan. Todas estas variedades, acompañadas de perfumadas fragancias, resultan muy agradables. Los genitales son zonas muy sensibles, por lo que sólo se pueden usar geles lubricantes esterilizados. Recomendamos que cada pareja explore y averigüe lo que más le conviene.
Hay que tener en cuenta que estar de mal humor, muy cansada, distraída o enfadada con la pareja son aspectos que influyen profundamente en el grado de disfrute del masaje sensual. A veces será posible superar cualquier preocupación dejando que el placer del momento se imponga; pero en otras ocasiones el problema permanecerá presente. Si siente que el masaje sensual no consigue darle placer o la incomoda, es preferible que pare y lo comente con su pareja para compartir sus sentimientos y abordar las dificultades.
Cortesia mundomujer.cl