La hipertensión arterial consiste en una elevación persistente de la presión en las arterias, por encima de unos valores considerados normales.
¿Qué factores pueden favorecer el desarrollo de una enfermedad cardiovascular?
La hipertensión arterial se considera en el argot médico un "factor de riesgo cardiovascular". Con ello se indica que aquellas personas con hipertensión arterial tienen una mayor probabilidad de padecer una enfermedad cardiovascular que las personas no hipertensas: cuanto mayor es la cifra de tensión arterial, mayor es el riesgo.
La tensión arterial no es el único factor de riesgo cardiovascular. Otros factores de riesgo son el tabaco, las cifras altas de colesterol, la diabetes mellitus mellitus, la existencia de antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, la obesidad y la vida sedentaria. Cuantos más factores de este tipo reúne una persona, mayor es el riesgo de que padezca una enfermedad como angina de pecho, infarto agudo de miocardio agudo de miocardio, insuficiencia cardiaca o accidente cerebrovascular.
Por otra parte, se ha demostrado que con un buen control de la tensión arterial, así como de los otros factores de riesgo, la probabilidad de tener una enfermedad cardiovascular disminuye de forma considerable. Por esta razón es importante detectar y tratar de forma conjunta esta enfermedad y todos los factores de riesgo cardiovascular presentes en una persona.
¿Cómo se manifiesta la hipertensión arterial?
La hipertensión arterial es generalmente una afección que no produce síntomas. Sin embargo, a largo plazo, una tensión arterial mal controlada puede dar lugar a daños irreversibles en los vasos sanguíneos y posteriormente a una lesión de órganos vitales, como el corazón, el cerebro, el riñón y la retina. La lesión de estos órganos vitales se puede manifestar con síntomas tales como dolor de cabeza, cansancio, náuseas, vómitos, alteraciones visuales, sensación de dificultad para respirar, dolor de pecho, edema de las piernas. En casos severos se puede producir un cuadro de confusión (el paciente se haya desorientado y atontado) llamado " encefalopatía hipertensiva" e incluso entrar en coma debido a un edema cerebral. Otras posibles complicaciones son la angina de pecho, el infarto agudo de miocardio agudo de miocardio, la insuficiencia cardiaca, la insuficiencia renal, los accidentes cerebrovasculares y los aneurismas aórticos, entre otras.
¿Cómo se mide la tensión arterial?
El valor de la tensión arterial se expresa con dos valores. El valor superior o presión arterial arterial "sistólica" se produce cuando el corazón se contrae y envía sangre hacia las arterias (sístole); el valor inferior o presión arterial arterial "diastólica" corresponde al momento en que el corazón se relaja entre un latido y otro (diástole). La presión arterial se mide en milímetros de mercurio. Por ejemplo, un individuo puede presentar una tensión arterial de 120/80 mm Hg (milímetros de mercurio), lo que quiere decir que tiene una presión sistólica de 120 y una presión diástólica de 80 milímetros de mercurio. Esta medición se expresa como ciento veinte ochenta.
La medición de la tensión arterial se realiza mediante unos aparatos denominados esfingomanómetros. Los más precisos son los esfingomanómetros de columna de mercurio, habituales en las consultas. Si se realiza con otro tipo de aparato (como los automáticos), es necesario asegurarse de que esté bien calibrado.
El esfingomanómetro consiste en un manguito que se sitúa rodeando el brazo del paciente, por encima del codo. El brazo en el que se realiza la medida ha de estar apoyado y el manguito ha de quedar a la altura del corazón. El manguito, a su vez, va conectado mediante un cable con un sistema de medición que indicará los valores de presión sistólica y diastólica detectados (columna de mercurio) y mediante otro cable con una perilla, a través de la cuál se insufla aire en la cámara interior del manguito.
Para efectuar la medición se insufla aire en el manguito comprimiendo la perilla, con lo que éste se estrecha en torno al brazo. Luego, el manguito se ha de desinflar lentamente, mientras que se mantiene el fonendoscopio sobre una de las arterias del brazo, a la altura del codo, con la finalidad de detectar el latido cardiaco.
El valor que marca la aguja del esfingomanómetro cuando el latido cardiaco se hace audible, corresponde a la presión arterial sistólica. Al seguir deshinchando el manguito, llega un punto en el que el latido ya no se detecta, y que corresponde al valor de la presión arterial diastólica.
Para que una medición sea correcta es necesario que el paciente no haya ingerido alimentos, té ni café y no haya fumado durante los 30 minutos previos. La primera toma de tensión arterial se ha de realizar preferiblemente en ambos brazos, pues con frecuencia varía de uno a otro. Si se detecta una presión elevada, es importante que las siguientes tomas de seguimiento se realicen en el brazo donde la medición fue más alta.
Conviene que las medidas de seguimiento se realicen aproximadamente a la misma hora del día y con el mismo aparato.
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